“Las distribuidoras enfrentan tres grandes desafíos ante la transición energética: calidad, transformación de la red y eficiencia económica”
Alessandra Amaral, presidenta ejecutiva de la Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica Latinoamericanas (ADELAT), analiza los principales desafíos que enfrenta el sector de distribución eléctrica en América Latina en el contexto de la transición energética. Amaral destaca el impacto de las nuevas tecnologías, el cambio climático y la creciente demanda de consumidores más activos, lo que obliga a las distribuidoras a operar sistemas más complejos, resilientes y flexibles. Además, aborda temas clave como el almacenamiento de energía, la pobreza energética, la regulación, las microrredes y la percepción del modelo monopólico. La presidenta ejecutiva enfatiza la necesidad de marcos regulatorios modernos que impulsen la inversión, garanticen la calidad del servicio y promuevan una integración sostenible de recursos energéticos distribuidos. Finalmente, reflexiona sobre el caso peruano y las oportunidades de mejora en términos de apertura de mercado, digitalización y atracción de inversiones.
Desde ADELAT, ¿cómo evalúan la situación actual del sector de distribución eléctrica en América Latina? ¿Cuáles son los principales desafíos comunes que enfrentan las distribuidoras en la región?
El mundo está pasando actualmente por algunas transformaciones importantes. Por un lado, la entrada de nuevas tecnologías, como el IOT, la robotización, el uso de drones a gran escala, la inteligencia artificial y otras. Por otro lado, el cambio climático y la preocupación por la emisión de gases de efecto invernadero con la incidencia de eventos climáticos extremos.
La respuesta del consumidor a estos dos fenómenos es la aparición de un consumidor más activo y exigente en términos de calidad y precio, que quiere tener opciones y generar su energía. Y, con esto, se observa la proliferación de los llamados Recursos Energéticos Distribuidos, que son paneles solares, vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento; caracterizando la descentralización de la red de distribución.
Las distribuidoras deben lidiar con un sistema mucho más complejo, compuesto por flujos de energía bidireccionales. Así, añaden a sus funciones habituales de medición de consumos, control de interrupciones y remuneración de inversiones en la red, otras responsabilidades, teniendo que coordinar múltiples elementos en tiempo real. Es decir, pasar de DNO (Operación de Redes de Distribución) a DSO (Operadores de Sistemas de Distribución).
La transición energética es un proceso en marcha. ¿Qué papel están jugando las distribuidoras en la incorporación de energías renovables y en el desarrollo de sistemas más flexibles y sostenibles?
En ese escenario, hay dos atributos fundamentales en este proceso. En primer lugar, está la resiliencia, que se puede definir como la capacidad de la red para responder a eventos de alto impacto y baja probabilidad, recordando que, con el cambio climático, los eventos climáticos extremos son cada vez más intensos, frecuentes e impredecibles.
El segundo atributo es la flexibilidad, debido a la creciente entrada de fuentes de energía no controlables, como la solar y la eólica.
En este sentido, ADELAT desarrolló un estudio sobre los desafíos de las distribuidoras en América Latina de cara a la transición energética y llegó a la conclusión de que las distribuidoras se enfrentan a 3 macrod desafíos: lograr niveles más altos de calidad de servicio y aumentar la resiliencia de los sistemas de distribución; transformar de manera sostenible la red como una plataforma de conexión e intercambio de un nuevo conjunto de usos y actores; y fomentar la eficiencia económica del sistema eléctrico, acoplando la oferta y la demanda.
En varios países, la expansión del almacenamiento de energía comienza a ganar protagonismo. ¿Qué avances observa en este ámbito y qué rol deberían asumir las distribuidoras frente a esta nueva infraestructura?
En ADELAT, como continuación del estudio que mencioné anteriormente, desarrollamos un análisis sobre las inversiones necesarias para habilitar a las distribuidoras en el marco de la transición energética. En este estudio, dividimos la transición energética en 11 vectores, tales como la conexión a la Generación Distribuida, la actualización para nuevos usos, la Electromovilidad, entre otros; y uno de estos vectores fue el almacenamiento. El punto de partida fue medir el estado inicial de implementación de estas tecnologías, con base en diciembre de 2023.
En términos generales, observamos que la implementación de las tecnologías relacionadas con la transición energética en las distribuidoras de la región de América Latina aún se encuentra en una etapa muy incipiente, y esto es particularmente cierto en el caso del almacenamiento, a pesar de ser un componente clave para la transición energética, especialmente con la incorporación de fuentes renovables no controlables.
Uno de los temas sensibles es la pobreza energética. ¿Qué estrategias o marcos regulatorios se están discutiendo o implementando en la región para garantizar acceso equitativo a la electricidad, sin comprometer la sostenibilidad financiera de las distribuidoras?
América Latina es una región caracterizada por una inmensa riqueza natural y mineral, pero también comparte desafíos económicos y sociales, y el acceso a la energía está particularmente vinculado a estos temas. En el estudio que mencioné sobre la estimación de las inversiones necesarias para habilitar a las distribuidoras de energía eléctrica para la transición energética, por ejemplo, incluimos dos vectores relacionados con el tema de la pobreza energética: el acceso universal a la energía eléctrica y la normalización de pérdidas no técnicas.
Existen iniciativas regulatorias para combatir la pobreza energética que han sido implementadas en varios países. En el caso de Brasil, por ejemplo, la Medida Provisional 1.300 publicada en mayo de 2025 establece la Tarifa Social de Energía Eléctrica, con exención total del pago de la factura de electricidad para las familias de bajos ingresos que consuman hasta 80 kilovatios-hora (kWh) por mes.
Respecto a la regulación, ¿cuáles son las buenas prácticas que ADELAT identifica como clave para asegurar un desarrollo ordenado y eficiente del sistema de distribución eléctrica?
Desde ADELAT, presentamos 3 recomendaciones en términos regulatorios.
Desarrollar mecanismos de incentivos para la mejora continua de la calidad del servicio y para aumentar la resiliencia de los sistemas de distribución. Para ello, los incentivos regulatorios deben: (i) Ser simétricos, con objetivos de calidad y resiliencia; (ii) Proteger a los consumidores «peor atendidos» y promover una mejora generalizada, evitando así centrarse en circuitos de mayor densidad.
Remunerar los costos reales asociados a la base de activos del servicio de distribución: Actualmente, Brasil y Colombia ya practican la remuneración basada en costos reales, pero Argentina, Perú y Chile utilizan la metodología de la empresa de referencia.
Remunerar adecuadamente las inversiones, coherentes con las necesidades y prioridades de la transición energética. Incluir un plan de inversión previamente aprobado por el regulador y auditado periódicamente, recordando que las tecnologías asociadas a la transición energética tienen una vida útil más corta y se vuelven obsoletas rápidamente, dando paso a nuevas tecnologías. La remuneración intraciclo de la revisión tarifaria sería muy importante para esto.
Las microrredes y los sistemas distribuidos están ganando terreno, especialmente en zonas aisladas o con baja cobertura. ¿Qué desafíos y oportunidades representan estos modelos para las empresas distribuidoras tradicionales?
Las microrredes ofrecen varias oportunidades para las distribuidoras. Permiten electrificar zonas remotas donde es técnica o económicamente inviable una conexión tradicional. También pueden operar de forma autónoma durante fallas en la red principal, facilitar la incorporación de fuentes renovables distribuidas y habilitar nuevos modelos de negocio, donde las distribuidoras actúan como operadoras o facilitadoras, prestando servicios de operación, mantenimiento, gestión de datos y almacenamiento. Además, ayudan a reducir pérdidas técnicas y no técnicas al generar y consumir energía localmente.
Sin embargo, también presentan desafíos. En muchos países aún no existe una regulación clara sobre propiedad, operación e integración de las microrredes al sistema interconectado. Si no se regula adecuadamente, pueden causar evasión de usuarios del sistema tradicional, afectando la sostenibilidad financiera de las distribuidoras. La gestión técnica es más compleja y requiere mayor digitalización, sistemas avanzados de control y protección. También hay un riesgo de desintermediación si otros actores operan microrredes fuera del control de las distribuidoras. Finalmente, se necesitan inversiones importantes en infraestructura, automatización, ciberseguridad y capacitación técnica del personal.
Existe la percepción de que la distribución eléctrica opera bajo un modelo monopólico. ¿Cómo responde ADELAT a esa visión? ¿Cuáles son los límites y ventajas de este modelo en el contexto latinoamericano actual?
En realidad, la distribución de energía eléctrica es un sistema bajo concesión, es decir, se trata del servicio de red. Sin embargo, la comercialización de la energía eléctrica presenta distintos niveles de apertura en los países latinoamericanos. Hay países donde todos los consumidores son cautivos, como ocurre actualmente en países como Costa Rica, y otros donde todos los consumidores pueden migrar al mercado libre, como es el caso de El Salvador.
La semana pasada, ADELAT publicó un estudio sobre la apertura de la comercialización de energía eléctrica en el mercado minorista, en el cual se comparan las prácticas regulatorias y comerciales de diferentes países de América Latina, además de presentar ejemplos internacionales sobre este tema.
En el caso específico del Perú, ¿qué opinión tiene ADELAT sobre la situación del sistema de distribución eléctrica? ¿Qué aspectos destacan como fortalezas o debilidades del modelo peruano?
Perú enfrenta desafíos en relación con varios vectores de la transición energética, tales como la electromovilidad, la conexión a la generación distribuida, la implementación de infraestructura de medición avanzada (AMI) y tecnologías de almacenamiento en las redes de distribución. Por otro lado, presenta niveles bajos —en comparación con otros países de América Latina— de SAIFI y de pérdidas no técnicas.
Es fundamental que la regulación evolucione de manera participativa, escuchando a todos los actores involucrados y permitiendo también el aporte de otros países que puedan contribuir con su experiencia en estos temas. Por ejemplo, un punto de evolución es la utilización de la metodología de empresa modelo o empresa de referencia para la remuneración de las inversiones. En algunos países, como Brasil y Colombia, ya se utilizan actualmente metodologías basadas en los costos reales, lo que facilita la atracción de inversiones.
Fuente: Energiminas
https://digital.energiminas.com/edicion/120









